
Laboratorio de creación escénica
Idea original y texto: Ingrid Bravo.
Creación: Ingrid Bravo, Dulce Mariel, Shadé Ríos Gutiérrez, Bruno Ruiz y María María.
Investigación escénica-documental: Teatro Desde la Grieta.
Acompañamiento en puesta en escena: Bruno Ruiz.
Dispositivo escénico: María María.
A principios de los 90, Ciudad Juarez se volvió un campo fértil para los asesinatos hacia las mujeres. En esos años el concepto feminicidio apenas era nombrado por investigadores, feministas y activistas; hoy en día, la palabra es de uso común en el vocabulario cotidiano. Y es que lo que en ese entonces se veía como algo excepcional, en la actualidad ha alcanzado índices aterradores en todo el país.
Quemar los campos es una pieza documental y performativa que intenta generar una reflexión en torno del crimen feminicida: si tomamos como base el concepto de campo acuñado por Giorgio Agamben, donde campo es el lugar donde ley se suspende y la excepción se vuelve regla, entonces el cuerpo de las mujeres se ha vuelto campo de sí mismo. ¿Cómo se resiste desde el cuerpo? ¿Cómo quemar esos campos y
recuperar nuestros cuerpos, ya no como meras vasijas, sino como sujetos ciudadanos? ¿Cómo dolernos en medio del incendio?
* Proyecto apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes
Quemar
los
campos

El mar en la cuenca de las manos
Dirección de escena: Bruno Ruiz
Dramaturgia: Ingrid Bravo
Actrices: Daniela Bustamante e Ingrid Bravo
Espacio e iluminación: María María
Asesoría en movimiento corporal: Pamela de León
Colaboración: Asociación Mexicana de Trabajadoras Sexuales (AMETS)
Desde hace varios años, el debate con respecto a la validez moral y jurídica de la prostitución ha sido una constante tanto en el seno de los movimientos feministas, como en las agendas de gobierno, grupos civiles y organizaciones involucradas en la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, el estallido de la nueva ola feminista a principios de 2018 generalizó y potenció la discusión obligándola a tomar rumbos que
topan con pared una y otra vez. El choque entre el discurso abolicionista y el regulacionista ha producido un impasse que deja a la deriva a las trabajadoras sexuales que, mientras tanto, continúan generando prácticas de resistencia cotidianas ante situaciones que ponen en riesgo su vida, y su estabilidad económica y familiar.
El mar en la cuenca de las manos es un proyecto escénico que busca indagar y reflexionar sobre la cotidianidad del trabajo sexual desde la mirada de quienes lo ejercen. A través de una dramaturgia que toma como eje las reflexiones propuestas por Marta Lamas en El fulgor de la noche, y que pone en relieve la densidad del contexto y las circunstancias que envuelven la vida las trabajadoras sexuales, el proyecto procura escapar del binarismo que acompaña la discusión, para, más bien, incidir en la subjetividad de dos mujeres que intentan sobrevivir a un tipo de explotación que, como diría Silvia Federici, mucho a otras formas de esclavismo como el trabajo doméstico y el empleo en la industria maquiladora.
Quemar los campos *
